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Dormir la siesta es una sana costumbre, con innumerables beneficios, tanto físicos como psicológicos.

Pese a los tópicos que circulan sobre la siesta y los españoles, sólo un 16% de nosotros practicamos esta sana costumbre.

Y si, he dicho sana costumbre, pues pese a que también  asociemos la siesta con la holgazanería, numerosos estudios demuestran sus innumerables beneficios, tanto físicos como psicológicos.

Hay que tener en cuenta que el ser humano es de los pocos animales que duerme una sola vez al día. El resto son lo que se denomina durmientes polifásicos, que significa que duermen varias veces al día durante períodos más cortos de sueño.

Algunas investigaciones indican que el hombre primitivo, en la época de las cavernas, también lo era, pero abandonó esa costumbre para adaptarse a ritmos de vida cada vez más rápidos.

Hay que tener en cuenta que en el último siglo, hemos perdido unas 2 horas diarias de sueño.

La siesta es la oportunidad ideal para recuperar ese sueño perdido y asegurarnos un ritmo de vida más sano.

La siesta

Te preguntarás ¿cuál es el momento ideal y cuánto tiempo debe durar la siesta? y existe consenso respecto a que lo más adecuado es descansar después de comer, entre las 13 y las 17 horas.

Diversos estudios demuestran que es el período de mayor somnolencia y además, los ritmos circadianos sufren una caída en estas horas del día.

Como norma general, no debería durar más de 30 minutos.

Si necesitamos dormir mucho más tiempo para que sea reparadora y por la noche dormimos con normalidad, podría revelar la existencia de algún trastorno del sueño, estado depresivo u otra enfermedad que convendría consultar con el médico.

Por otro lado, es cierto que en España, sobre todo durante el verano, nos acostamos muy tarde en comparación con otros países de nuestro entorno, y dormir una siesta un poco más larga para aguantar esos calurosos y largos puede no significar nada patológico.

Beneficios físicos cuando duermes la siesta

Cardiovasculares

Previene cardiopatías ya que reduce el estrés y la tensión arterial. El efecto cardioprotector es tan evidente que, en opinión de los especialistas, las personas con esta costumbre tienen casi un 40 % menos de probabilidades de sufrir un infarto.

Imprescindible para crecer

La jefa del Servicio de Medicina Preventiva del Hospital Clínico San Carlos de Madrid, tiene claro que sestear:

“Es una práctica que seguirá existiendo porque responde a una necesidad fisiológica”.

Por este motivo, sería primordial sobre todo en dos grupos: bebés y adolescentes. Su desarrollo depende, en buena medida, de la cantidad de horas que duerman.

“Hasta los dieciocho o veinte años es imprescindible, porque el cuerpo está en plena progresión y la hormona del crecimiento solo se libera cuando se descansa”.

Los bebés lo hacen entre doce y dieciséis horas hasta los tres años. A ellos no hace falta insistirles, pero los adolescentes suelen dormir menos de las ocho o nueve horas que deberían, y echar la siesta compensaría lo que le roban al sueño por las noches.

El dato más interesante cuando dormimos la siesta, se produce en nuestro cerebro, a nivel cognitivo.

 

Beneficios mentales cuando duermes la siesta

Facilita el aprendizaje, ya que permite resetear nuestro cerebro, aumentando nuestra productividad en el trabajo o mejorando el rendimiento escolar en los niños durante la tarde.

El neurofisiólogo del Hospital Ramón y Cajal de Madrid Antonio Pedrera apunta que uno de los efectos demostrados de echar una cabezada es la mejora de la productividad.

“A las personas que trabajan en el turno nocturno, un descanso de solo quince minutos a mitad del mismo les permite seguir después a pleno rendimiento”.

“Es un reseteo rápido como el que hace un ordenador cuando lo apagamos y lo volvemos a encender”.

Este sueño después de la comida nos permite afrontar nuevos conocimientos y fijar los ya adquiridos. Esto ocurre porque durante el sueño, los aprendizajes diarios se consolidan en nuestra memoria a largo plazo, traspasándose desde el hipocampo hacia el neorcórtex.

Aumenta la concentración

Una siesta, incluso muy breve, ayuda a mejorar cualquier tarea que suponga recordar listas de palabras o de objetos.

Acorta los tiempos de reacción

Favorece que seamos más rápidos al responder a los estímulos del ambiente, es decir, que respondamos más rápido.

El pionero en medicina del sueño William Dement estudió el efecto de la siesta en aviadores que tenían que volar largas distancias a través del Pacífico.

Interrumpir su actividad para sestear veintiséis minutos durante la travesía tuvo efectos sorprendentes: los pilotos solo tuvieron 34 microsueños de entre tres y diez segundos de duración y su tiempo de reacción mejoró.

En cambio, los que no descansaron, registraron 120 microsueños, y lo que es peor, veintidós de ellos cuando el avión descendía para aterrizar

Estimula la creatividad

Ya que si la mente está descansada es mucho más fácil al cerebro generar ideas.

Facilita la resolución de problemas

En la fase de sueño REM, además de producirse los sueños, se producen conexiones cerebrales que permiten conexiones entre ideas.

Fomenta la positividad

Siendo más receptivos ante la expresión facial de felicidad.

Mejora el estado de ánimo

Tenemos un neurotrasmisor llamado serotonina que se produce durante el sueño y que nos proporciona una sensación de satisfacción y bienestar.

La jefa del Servicio de Medicina Preventiva del Hospital Clínico San Carlos de Madrid apunta que:

“No hay más que ver el berrinche de un bebé con sueño para caer en la cuenta de los efectos de la siesta: es un magnífico antídoto contra la irritabilidad y una terapia óptima para mejorar el ánimo”.

La siesta, practicada desde la infancia, constituye una vacuna emocional.

Una investigación de la Universidad de Colorado, en EE. UU., apunta que los pequeños que se saltan la siesta tienen más riesgo de padecer trastornos anímicos más adelante.

Los científicos comprobaron que a los niños de tres años que se les privaba de ella tenían un descenso de un 34 % en las respuestas emocionales positivas.

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