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Desde el Centro GF te proponemos soluciones para mejorar tu memoria.

Enfermedades degenerativas

Hoy en día vivimos un fenómeno demográfico en los países desarrollados: el envejecimiento a pasos agigantados de su población. Este proceso se debe, entre otros factores, al descenso de la natalidad y al aumento en la esperanza de vida, el doble que en épocas pasadas.

En nuestro país el aumento es tal que, a mediados de este siglo, se espera que seamos el segundo país más envejecido de la OCDE detrás de Japón. Hoy las personas mayores de 65 años representan el 18,7% de la población total española (INE, 2017).

Otra de las principales tendencias actuales, en lo referente a las personas mayores, ha sido el cambio radical en los patrones de enfermedad y muerte, de modo que las enfermedades crónicas y degenerativas han sustituido a las infecciosas y parasitarias (OMS, 2010).

En la actualidad, las enfermedades degenerativas suponen los principales diagnósticos de enfermedades y causas de muerte entre los mayores (IMSERSO, 2011).

Es en este contexto, las demandas y necesidades de este grupo cobran especial importancia y deben ser atendidas y solucionadas en la medida de lo posible. Una de las principales preocupaciones que surge con la edad es precisamente la aparición de problemas en la memoria y en el funcionamiento cognitivo.

Por ello, desde el Centro GF proponemos una solución para prevenir y tratar los problemas de memoria: nuestra Unidad de Memoria.

Envejecimiento normal vs. patológico

A la hora de hablar de funciones mentales y declive de estas, tenemos que realizar una distinción entre envejecimiento normal y patológico.

El proceso normal de envejecer lleva asociado el declive cognitivo de algunas funciones como la memoria, la velocidad de procesamiento de la información, las habilidades visuales y espaciales, pero no implica ni disminución en la calidad de vida ni interfiere en las actividades diarias.

Este declive se explica porque durante la vejez el cerebro se ve sometido a numerosos cambios: disminuyen el peso y el volumen cerebral, así como el número de neuronas; se producen cambios hormonales; el hipocampo, estrechamente relacionado con la memoria, se ve especialmente afectado por el paso del tiempo.

Así pues, es habitual que existan quejas de memoria y de funcionamiento cognitivo general entre las personas mayores sin que supongan un proceso patológico.

Por el contrario, cuando hablamos de un proceso de envejecimiento patológico, hacemos referencia a un deterioro cognitivo significativo, comparado con el nivel previo de rendimiento de la persona, en una o más funciones cognitivas y que sí interfiere con la autonomía de la persona y sus actividades cotidianas. Suele estar asociado a enfermedades neurodegenerativas como puede ser el caso del Alzheimer.

¿Cuándo debemos preocuparnos?

Cuando empecemos a notar que no somos capaces de realizar nuestras actividades diarias habituales, lo que se traduce en:

  • Dificultades de memoria en nuestro día a día: olvidar dónde hemos puesto las cosas, no recordar el nombre de familiares directos, ingredientes de recetas que preparamos normalmente.
  • Problemas para realizar tareas rutinarias como cocinar, ducharnos, manejar medicación.
  • Dificultades excesivas y no solo físicas para realizar gestiones como ir al banco, ir al supermercado, conducir.
  • Problemas de lenguaje como no recordar el nombre de muchas palabras o dificultades para escribir.
  • Desorientación en tiempo y espacio, lo que lleva en ocasiones a perdernos en trayectos comunes.
  • Cambios en la conducta: cambios bruscos en el humor, en la personalidad, conductas agresivas, labilidad emocional, pérdida de iniciativa, apatía…

 

¿Cuándo debemos intervenir?

Tanto si nos encontramos dentro de un proceso normal de envejecimiento como en uno patológico, tiene sentido intervenir, bien para prevenir la aparición de problemas futuros y mejorar el funcionamiento actual, bien para intentar paliar los efectos del proceso patológico y conservar lo que aún se mantiene preservado.

Surge entonces un concepto necesario para entender la importancia de esta intervención: la plasticidad cerebral o neuroplasticidad, que se define como “la respuesta que da el cerebro para adaptarse a las nuevas situaciones y restablecer el equilibro alterado, después de una lesión” (Tárraga et al. 1994).

De la acumulación de investigaciones existentes se puede ver como las neuronas lesionadas tienen capacidad regenerarse y establecer conexiones nuevas (Tárraga et al, 1994; Gil y Martín, 2006; Olazarán et al. 2010). Esta capacidad de restablecer el equilibrio está presente en el cerebro anciano, incluso en demencias, aunque en menor intensidad (en fases muy avanzadas es casi nula).

Pese a que el cerebro envejezca o se deteriore sigue, por tanto, siendo plástico. Resulta vital entonces mantenerlo activo y funcionando. La neuroplasticidad se rige por factores internos (relacionados con información genética) y externos (como el grado de escolarización). Es sobre los segundos donde es posible intervenir.

El objetivo básico de los tratamientos de estimulación cognitiva (acciones que se dirigen a mantener o mejorar el funcionamiento cognitivo mediante ejercicios de memoria, percepción, atención, lenguaje, funciones ejecutivas, funciones visuoespaciales, etc.) es favorecer la neuroplasticidad mediante la presentación de estímulos, debidamente estudiados, que potencien las capacidades intelectuales, emocionales y físicas de forma integral (Tárraga et al., 2000).

El entrenamiento de habilidades cognitivas específicas en grupos (entrenamiento cognitivo, sesiones grupales) mejora de forma específica las capacidades cognitivas entrenadas y, en combinación con otros componentes (como relajación o ejercicio físico) la estimulación es beneficiosa para la cognición general (Olazarán et al. 2010)

Por todo ello y, ante la evidencia recogida en múltiples estudios e investigaciones, se ha decidido poner en marcha un programa de estimulación cognitiva multicompetente en nuestra Unidad de Memoria.

Aquí os dejamos las siguientes referencias bibliográficas para que os podáis seguir documentando:

  • Gil, P., Martín, J. (2006). Demencia. En Tratado de Geriatría para Residentes Sociedad Española   de Geriatría y Gerontología
  • IMSERSO (2005). Cuidados a las personas mayores en los hogares españoles. Madrid: IMSERSO.
  • IMSERSO (2011). Libro blanco sobre el Envejecimiento Activo. Madrid: Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales.
  • INSTITUTO NACIONAL DE ESTADÍSTICA (INE). Cifras de Población 1-1-2017 y Estadística Migraciones 2016 (provisionales) (16/16)
  • Organización Mundial de la Salud (OMS) (2010). Informe sobre la situación mundial de las enfermedades no transmisibles. Ginebra: Servicio de Producción de Documentos de la OMS.
  • Olazarán, J. (2010) Eficacia de las terapias no farmacológicas en la enfermedad de Alzheimer: una revisión sistemática. (Traducción de Dement. Geriatr. Cog. Disorders, 30, 161-178)
  • Tárraga, L. (1994) Estrategia no farmacológica del deterioro cerebral senil y demencia. Medicine, 6, 44-53.
  • Tárraga, L., Boada, M., Amèrica, M., Domènech, S., Llorente, A. (2000). Volver a empezar: ejercicios prácticos de estimulación cognitiva para enfermos de Alzheimer. Barcelona: Glosa Ediciones.

Citas y consultas Centro GF: ? 91 616 31 62

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